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Día Internacional de los Archivos... con humor

Desde el Archivo Municipal de Hellín, nuestra compañera Beatriz Esteban nos hace llegar este interesante correo que queremos compartir con nuestros lectores:

El 9 de junio se celebra el Día Internacional de los Archivos, porque éste fue el día en el que la UNESCO creó el Consejo Internacional de Archivos en 1948. Centenares de actos se llevan a cabo en todo el mundo para conmemorar esta jornada.

Entre las actividades organizadas en Castilla-La Mancha, se encuentra la exposición virtual ‘Un paseo por la Edad Media’, en la que a través de la página web, los visitantes pueden descubrir algunos de los más valiosos y bellos documentos medievales conservados en los archivos de la región, entre ellos, uno de la Parroquia de Santiago Apóstol de Liétor. En esta exposición se ofrecen al público imágenes de pergaminos medievales complementadas con fotografías históricas.

Pero no todos los documentos que se conservan en los Archivos son tan solemnes como estos pergaminos medievales, a veces aparecen algunas “rarezas”. En el Archivo municipal de Hellín podemos encontrar un documento, perteneciente al fondo “Valcárcel”, recientemente adquirido, que muestra cómo el siglo XVIII también fue época de bromas y sátira. Es lo que en algunos Archivos han llamado “poesía sinvergüenza”.

Se trata de una carta que Juan Clímaco Salazar le envía a su sobrino Bernardo, alrededor de 1790. En ella le explica que acaba de volver de Italia y que está cansado de tantos compromisos sociales, y por el momento no piensa moverse de Hellín. Añade una poesía (Cuartetas) para que se la recite a Francisco Velasco, y así, riéndose, le provea de alimentos para la Navidad. El tema que elige es ni mas ni menos que “el váter”. Imaginaos cómo podía ser un WC del siglo XVIII. Pues estaba ya tan viejo el pobre sillón que sus dueños decidieron quemarlo y cambiarlo por otro nuevo. Esta poesía son los lamentos y la queja del váter.

Esperamos que con el mismo sentido del humor con el que se escribió este documento en el siglo XVIII podáis disfrutarlo ahora, sabiendo que el patrimonio documental que se conserva en el Archivo municipal está a disposición de todos los ciudadanos.


Habiendo sido hecho en el campo el nuevo y tan necesario lugar común, por viejo y por apestado fue destinado al fuego el antiquísimo sillón estercorario, de que también habéis disfrutado todos vosotros. Su quemazión fue pública y tan plausible como ignominiosa, de la cual el resentido feneció contumaz, profiriendo la siguientes quartetas que te envío para que se las leas al señor don Francisco Velasco, a fin de que riyéndose de ellas, y tosiendo os provea de pollos y capones para todo lo que resta de las corrientes fiestas.


Yo viejo y pobre sillón
infeliz ¿en qué he pecado
para morir abrasado
cual reo de inquisizión?

Moro no soy, ni rabino;
ni jamás en mi abujero
se sentó Martín Lutero
ni Pelagio ni Calvino.

Verdad es que en las visitas
que me hicieron varias gentes
he visto mil indecentes
cosas que no están escritas.

Pero ¿fue culpable arrojo,
a los culos que me echaban
sus ojos quando cagaban,
el echar también yo el ojo?

Por lo demás, si en derecho
se juzga mi condizión,
mis culpas y cacas son
las cacas que otros han hecho.

Y así la justicia clama
que se escuchen mis razones
antes que me haga carbón
la voraz injusta llama.

Tan humilde siempre fui
que no conocí persona,
señora fuese, o fregona
que no se cagase en mí.

Tan penosa y tan amarga
mi vida ha sido que todos
en mí se echaban de codos,
y descargaban su carga.

Y ella fuese mucha o poca,
hiziese viento o tronase,
dilubiase o granizase,
digan si abrí yo mi voca:

Y digan si yo importuno,
dándome todos matraca,
ni sus pedos ni su caca
en la cara eché a ninguno.

¡A quántos saqué de afán!
¡A quántos he consolado!
¡Quién me busco y no me ha hallado!
¿Y este pago ahora me dan?

Ojos que abrirse yo vi
quasi siempre con lagañas
mirad mis cuitas extrañas
tened compasión de mí.

Y llorad la triste suerte
del que fue bajo de cielo
vuestro único consuelo,
y ahora va a sufrir la muerte.

Pero si malignamente
os complacéis en la pena,
a que el Hado me condena,
no os abráis eternamente

Y si por ser apestado
ardo, y mis ruegos son nulos
quémense también los culos,
que la peste me han pegado.


FUENTE: Archivo Municipal de Hellín. Fondo Valcárcel. Año 1790. Signatura VAL_160. Colección de poesía de Juan Clímaco Salazar.
Transcripción realizada por Miriam Esparcia y Beatriz Esteban.

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